Mi amor,
No busques la melancolía de mi ausencia.
Encuéntrame donde reíamos, en los luceros de la Navidad,
En el dibujo de las niñas.
En el banco de la plaza del puerto desde donde saludábamos a los pescadores,
En el agua cristalina de la fuente.
Estoy en el aroma del pan caliente que preparas para la familia.
En el café con leche de almendras,
en la brisa que baja del monte y en el cielo de tonos anaranjados.
Estoy en el crujido del porche cuando te sientas a esperar la tarde.
En la luna que escala las tapias cubiertas de hiedra.
No cierres la puerta al universo que te adora,
porque la vida aún quiere entrar en tu cocina.
Cuando llegue tu hora de partir hacia el Shambhala
caminaré a tu lado, y juntos nos abriremos paso.
Recuerda que eres una perla de amor única e irrepetible,
y que volaremos caminos de luz como mariposas de cristal.
«Solo tienes que buscarme en la alegría»